La vida es decidir, ¿coche descapotable?

La vida es decidir, de eso no me cabe ni la menor duda. Una de las decisiones más complicadas que he visto tomar a un humano es la de qué coche comprarse. La primera pregunta parece obvia ¿qué coche?, Pero esa es sólo la primera de un sinfín de dudas. ¿Diésel o gasolina?, ¿descapotable o con techo?, ¿manual o automático?, ¿rojo, negro, azul, blanco..?, ¿3 ó 5 puertas?…

Y una vez que ya han elegido hasta el color de la tapicería llega un nuevo trámite ¿qué seguro contratar? Terceros, Terceros Ampliado, a Todo Riesgo con Franquicia o sin franquicia… Con tantas decisiones es normal que a veces se colapsen y no sepan cómo seguir. Es ahí cuando aparezco yo, para ayudarles a decidir.

La decisión de Mateo

Mi amigo humano Mateo llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea de comprarse un coche. Pero no un coche cualquiera. Lo que Mateo quería era un coche descapotable y este deseo lo tenía desde hacía mucho tiempo.

Mateo es un apasionado de las 4 ruedas desde que tiene uso de razón. Esta afición, que comenzó con apenas 6 años cuando le regalaron su primer descapotable en miniatura (un Ferrari de un rojo que hasta deslumbraba), se ha ido consolidando con el paso de los años. Ese pequeño Ferrari reposa hoy día sobre la chimenea del salón, lejos del alcance de las traviesas manos de sus sobrinos que lo miran con ojitos de corderillo degollado cada vez que van a casa de visita.

Pero si hay un coche de juguete al que tiene cariño por encima de todos es un Porsche negro teledirigido. Aún recuerdo la primera vez lo vi. Estaba tumbado sobre la alfombra, escuchando atentamente a los humanos hablando sobre sus juguetes favoritos de la infancia cuando de repente Mateo salió como una bala. Al cabo de unos minutos volvió con un coche en miniatura. Lo dejó en el suelo y empezó a correr por toda la habitación. Se acercó tanto a mí que hasta me pisó la cola ¡Qué susto!

Desde ese día empecé a fijarme más en esos coches tan raros que no tenían techo. Me di cuenta de que, aunque de manera ocasional, me cruzaba con alguno por la calle, los veía en los escaparates de alguna juguetería (parecidos al de Mateo) e incluso de vez en cuando salía alguno por la tele.

Una de las tardes en las que salí a pasear con Mateo noté un tirón de la correa. Giré la cabeza para descubrir por qué mi amigo humano se había detenido y lo encontré medio embobado mirando un descapotable gris plateado de asientos de cuero. Me acordé de su gusto por estos vehículos pero de ahí a ponerse a examinar hasta las llantas… me pareció un poco raro. Yo que soy muy curioso no quise quedarme sin saber qué era lo que le había llamado la atención de ese vehículo.

Me puse a rondar alrededor del coche cuando de repente lo vi. Sobre la ventanilla del conductor, pegado con unos gruesos trozos de celo había un cartel que rezaba con grandes letras negras “Se Vende. Llamar al número 648…, preguntar por José”.

No sé qué le diría el tal José pero Mateo empezó a plantearse comprar ese descapotable. Tener un coche así había sido el sueño de toda su vida y ahora que lo podía hacer realidad le entraban las dudas.

Ya en casa, empezó a estudiar los pros y los contras. No sé cuánto podía costar ese coche de segunda mano pero por lo que le oí a Mateo, fuera el precio que fuera, podía permitírselo. Por lo visto tenía unos ahorrillos y además le habían ascendido recientemente en el trabajo y tenía un sueldo mayor que le facilitaba darse ese caprichillo.

Las dudas que le asaltaban eran sobre el futuro. ¿Cuánto le costaría mantenerlo?, ¿y si tiene un accidente y hay que repararlo?, ¿si tuviera que cambiarle una pieza del motor, las pastillas de freno o una bujía, por cuanto le saldría?

Entonces ¡vio la luz! Llamó a un amigo suyo que había asegurado recientemente su coche nuevo, en el que viajaba con toda su familia. Por lo que pude entender de la conversación que mantuvieron intuí que hablaron de seguros. Creo que su amigo le habló de las ventajas de contratar uno a Todo Riesgo sin Franquicia para un coche de gran valor.

La decisión final

Mateo se compró su ansiado descapotable y tengo que decir que, sin echarme flores, yo contribuí en esa elección. Ay los humanos… Mateo estaba en un mar de dudas y, para decidirse, decidió jugárselo al mejor de 3. Yo no sabía qué era ese juego hasta que lo vi tratando de meter pequeñas bolas de papel en una papelera. ¡Menos mal que como jugador de baloncesto no tiene que ganarse la vida!

Yo, harto de ver como el pobre por más que lo intentaba no conseguía encestar decidí ayudarle, así que me dirigí hacía una de las pelotitas que estaban tiradas por el suelo, la agarré con los dientes y la metí en la papelera. Mateo me miró con una media sonrisa dibujada en la cara y dándome unos golpecitos cariñosos en el lomo me dijo: Entonces ¿qué?, me lo compro, ¿no?

Y no sólo se lo compró sino que ya lo ha estrenado. Durante las vacaciones de verano se fue a recorrer la Costa Brava y por lo que he escuchado a sus amigos humanos ha sido el mejor viaje que ha hecho en su vida. Estoy deseando verle para que me cuente más detalles de su andadura.

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