La vida es decidir, ¿qué préstamo hipotecario elegir?

Ayyy… la de decisiones que toman los humanos a lo largo del día. Algunas más complicadas que otras, pero decisiones al fin y al cabo. En muchas ocasiones están tan perdidos que piden a gritos que alguien les ayude y otras veces, simplemente, prefieren copiar las decisiones que han tomado anteriormente otros humanos o basar su elección en los consejos que les han dado.

¿Que te gusta un pantalón rojo pero tu amigo te dice que es demasiado llamativo? ¡Pues no te lo compras!, ¿que te apetece comer lasaña pero el camarero te sugiere el pollo en salsa que es la especialidad de la casa? ¡Pues te pides el pollo, no serás tú el que le lleve la contraria! Situaciones como éstas he visto tantas que no las puedo ni contar con los dedos de mis patas.

Una de las últimas decisiones que más quebraderos de cabeza ha dado a uno de mis amigos humanos ha sido la de qué préstamo hipotecario pedir y con qué entidad. Visitaron decenas de sucursales, consultaron tropecientas webs ¡hasta la mesa de la cocina estaba llena de trípticos explicando las particularidades de diferentes productos!

La decisión de Juan y Ana

Recuerdo perfectamente el día que conocí a Juan y a Ana. Fue hace 5 años. Estaba paseando por el parque con mi amigo humano Carlos (al que ayudé a elegir el móvil para su hijo). Salir a pasear es algo que hacemos con frecuencia. A mí, particularmente, me encanta. Estirar las patas, respirar aire puro, juguetear con otros de mis amigos perrunos, olisquear a los bichillos que me encuentro escondidos en el césped o simplemente tumbarme junto al banco en el que se sienta Carlos a ver humanos y animales pasar mientras él ojea el periódico o lee un libro.

Bueno que me voy por las ramas. Resulta, que uno de esos días en los que estaba viendo la vida pasar se acercó a nosotros una parejita muy salá. Carlos, al verlos, dio un salto. Su cara era una mezcla entre alegría y asombro. Se fundió en un cálido abrazo con el chico y le dio 2 fuertes besos a la chica. Yo no sabía quiénes eran esos humanos que no había visto antes. Durante más de 10 minutos traté de entender de qué estaban hablando, agudicé al máximo las orejas pero hablaban tan deprisa que me costó un poco pillarles el ritmo pero ¡a mí no se me escapa una!

Resulta que Juan y Carlos eran amigos del alma. Habían ido juntos a la universidad y habían sido como uña y carne pero al finalizar los estudios él había encontrado trabajo fuera de España y entre pitos y flautas no se habían visto más que un par de veces.

Tras unos cuantos años dando tumbos por el mundo (por lo que entendí había vivido en 4 países distintos), le había salido un trabajo en España. Pero ésta no era la única novedad. Él y Ana, su novia de toda la vida a la que Carlos también conocía, iban a casarse. Estaban inmersos en los preparativos de la boda: el banquete, el lugar de la ceremonia, los recordatorios, las fotos… En fin…Una infinidad de cosas que me agobiaron hasta a mí.

La segunda vez que los vi fue un par de semanas después, cuando quedaron con Carlos para darle la invitación de boda. Desde ese momento hasta el día de hoy ya no recuerdo el número de veces que los he visto.

El motivo por el que os hablo de Juan y Ana, a los que ya considero mis amigos, es porque llevan unos meses dándole vueltas a un tema: comprarse una casa. Resulta que desde que se casaron hace unos 5 años hasta la actualidad han estado viviendo en una casa de alquiler. Bueno en realidad en 2, en la primera estuvieron algo más de un año, pero luego se mudaron a un pisito en el centro de la ciudad que les pillaba mejor para ir a trabajar.

Pues bien, en los últimos meses, por lo que he oído, no estaban del todo contentos con la casa y se han puesto como locos a buscar una vivienda. Quieren una en las fueras, en una urbanización con zonas comunes (piscina, parque infantil, jardines…), y que tenga más habitaciones. Por lo que le escuché el otro día a Carlos quieren que la mudanza esté hecha antes de que llegue el bebé. ¡Ajá! Ese es el motivo por el que tenían tanta prisa ¡van a ser padres!

Pero si pensaban que elegir la casa era la decisión más difícil que iban a tomar estaban equivocados. Cuando me enteré de esta historia yo sabía que lo más complicado a lo que se iban a enfrentar iba a ser a elegir la hipoteca. Quise ayudarles, intentándoles hacer ver que comparar en buscadores online era mucho más efectivo que visitar una a una las distintas sucursales bancarias que había cerca de su antigua vivienda, la de las cercanas a las casas de sus padres y hasta las que se encontraban al lado de sus trabajos.

Y es que la búsqueda de hipoteca fue toda una aventura. Si encontraban un préstamo hipotecario con un tipo de interés menor entonces la entidad les obligaba a vincular un seguro de Vida y otro de Hogar y si otra les ofrecía un plazo de amortización de 30 años les pedían unos ingresos netos mensuales de 7.000 euros. Los pobres estaban desesperados, y es que no sabían cuál contratar.

La decisión final

Pero fui tan insistente que al final sé que usaron mi comparador de hipotecas. No sé exactamente muy bien que producto contrataron pero ya están viviendo en ella. Y ya tienen amueblado el dormitorio del bebé. La próxima vez que los vea pondré la oreja para enterarme bien de todos los detalles y saber cómo fue su experiencia. Aunque me da en la nariz que ha sido todo un éxito.

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