Cómo adoptar un perro guía

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11/06/2018 | Escrito por Rastreator.com

Seguro que alguna vez has visto un perro guía ayudando a una persona ciega a superar los obstáculos que se encuentra por la calle. Quizás te los hayas encontrado en el metro, en un centro comercial o en un restaurante. Puede que a un labrador, un golden retriever, un pastor alemán, un flat coated retriever o un caniche gigante, o quizás un cruce de estas razas. ¿Alguna vez te has preguntado cómo llegan estos animales a ser el mayor apoyo de las personas con discapacidad visual?

En 1990 la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) creó la Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG), a través de la cual se gestiona todo lo referente a la cría, el adiestramiento y la entrega al usuario. En estos 28 años, según la Fundación, se han entregado más de 2.700 perros guía a más de 1.800 usuarios y 4.000 cachorros han sido adoptados por familias. Para que estos animales lleguen a ser esos educados y bien amaestrados perros que conocemos, pasan por un proceso de adiestramiento que necesita voluntarios para su puesta en marcha.

Adoptar y educar a un perro guía

El proceso desde que el perro nace hasta que se termina jubilando se divide en varias fases. En primer lugar está la cría, para lo cual hay perros destinados de forma específica. Son seleccionados tras pasar satisfactoriamente unos rigurosos controles. No son guía, sino que viven en casa de particulares desinteresados que se comprometen a cuidarlos y llevarlos a la Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG) para que críen y den a luz. 56 días después de su nacimiento en las instalaciones de la FOPG en Boadilla del Monte (Madrid), el cachorro es dado en adopción durante 14 meses a una familia, cuidadosamente seleccionada. Ésta lo cuida y le enseña pautas básicas de comportamiento.

Pedro de las Cuevas fue uno de esos voluntarios que, junto con su hermano y sus padres, se aventuró a adoptar un futuro perro guía. Este fisioterapeuta cuenta como, al igual que muchos niños, él y su hermano pedían un perro insistentemente. Ellos se negaron en rotundo hasta que se enteraron de que existía la posibilidad de adoptar a un perro de la ONCE durante un año que luego deberían devolver para que ayudara a una persona ciega en su día a día. Tenían la oportunidad de mostrar a sus hijos lo duro que podía llegar a ser tener un perro, pero, al mismo tiempo, también ayudaban a una persona.

“Se lo recomendaría a todo el mundo”

“En 2006 adoptamos a ‘Yerri’. Le llamamos así porque a cada camada le asignan una letra para reconocerlos y al mío le tocó la ‘y’”. Tuvieron que aprobar una serie de requerimientos hasta que la Fundación aceptó su candidatura. “Ellos van a tu casa para conocer el entorno en el que estará el cachorro, conocer a la familia, etc.”, cuenta De las Cuevas. Una vez pasados satisfactoriamente estos requisitos se lleva a cabo la entrega del perro.

“El cachorro traía un manual en que te explican todo lo que necesitas saber y venía con un chaleco en el que ponía: futuro perro guía”, sigue el fisioterapeuta. La FOPG se hace cargo de todo para que la familia seleccionada pueda cuidar y educar al cachorro de manera satisfactoria. El pienso y la asistencia veterinaria también son facilitados por la ONCE que, además, envía regularmente a un supervisor para que controle todo el proceso y ayude en lo que haga falta a la familia.

“Insistían en que el perro no podía estar solo más de dos horas y que nos lo lleváramos a todas partes” cuenta. Con ese chaleco amarillo que les dan pueden entrar en cualquier sitio “menos en un quirófano” aclara De las Cuevas. Lo único malo, confiesa, “es que al ser un cachorro se hacía sus necesidades en cualquier sitio. Una vez tuve que recoger una caca en un centro comercial” dice entre risas. Y es que estos perros no nacen sabiendo cómo ayudar a una persona ciega, hay que enseñarles poco a poco a comer cuando suena el silbato, a estar tranquilos cuando están en espacios públicos, etc. “A pesar de que al principio son un poco revoltosos, se lo recomendaría a todo el mundo porque merece la pena” comenta De las Cuevas.

La despedida

Tras catorce meses con sus cuidadores, el perro debe abandonar el hogar y volver a la Fundación. “Es una experiencia muy buena, pero al final te da mucha pena devolverlo”, dice Pedro de las Cuevas. Aunque desde el primer momento el cuidador sabe que la relación llegará a su fin en poco más de un año, normalmente se crean vínculos afectivos que luego es muy difícil romper. De las Cuevas cuenta que puede no ser tan traumático “porque sabes que el perro va a ser de mucha ayuda para una persona ciega y, además, te puedes volver a casa con otro cachorro adoptado”. En definitiva, se trata de un acto “muy bonito e instructivo”, según De las Cuevas que recomienda “a todo el que quiera tener un perro”.

¿Qué pasa con los perros que no son aptos?

A pesar de todos los esfuerzos de la Fundación y de la familia, hay veces que el perro resulta no ser apto para su graduación como guía. Durante los 14 meses que pasa en adopción y cuando los devuelven al centro de Boadilla, les hacen controles radiológicos para averiguar si tienen displasia, es decir un desarrollo anormal de cadera, codo u hombro. En los casos en que sale positivo son declarados no aptos y la FOPG se los ofrece a los educadores con los que ha pasado un año o a una familia que quiera adoptarlo.

Adiestramiento y emparejamiento con el usuario

De vuelta en la Fundación y una vez que han superado los controles, proceden a adiestrar al perro. El entrenamiento está basado en los estándares internacionales marcados por la International Guide Dog Federation (IGDF) y dura entre cuatro y ocho meses. Lo primero que hacen es asignarle un instructor para que realice una valoración inicial, un test de principio de adiestramiento y la adaptación del animal al material para ser guía. Entonces comienza la etapa del entrenamiento temprano, que refuerza su obediencia y sus habilidades básicas de trabajo. Finalmente, se concluye con la preparación avanzada, en el que se perfecciona todo lo aprendido anteriormente.

Una vez finalizado el adiestramiento llega el momento de que auxiliar y usuario, es decir perro y persona ciega, se conozcan. Este es un servicio que la ONCE presta a sus afiliados pero no a todos. Éstos tienen que cumplir con una serie de requisitos, como saber orientarse perfectamente ya que el animal no es el que dirigirá el recorrido, sino el que evitará los obstáculos que se puedan presentar. Ambos tienen que adaptarse a los tiempos del otro y conocerse bien y para ello realizan un programa de formación práctica.

A partir de entonces, el perro guía pasa a ser los ojos de la persona ciega. Para que el usuario pueda beneficiarse al completo de su ayuda, éste puede ir con él al trabajo, a hacer la compra, al médico y, en definitiva, a cualquier sitio. Para que esto sea posible cada seis meses o un año, dependiendo de la Comunidad Autónoma en la que viva el usuario, se acredita a través de un informe veterinario que el perro guía no padece ninguna enfermedad que pudiera transmitir al humano como son la brucelosis, la leishmaniosis y la leptospirosis.

Otras formas de colaborar

Si no cumples los requisitos para adoptar un perro guía siempre puedes ayudar a la FOPG de otras formas. Una de ellas es adoptar a uno jubilado; si no te ves capacitado para cuidar y educar a un cachorro esta es la mejor opción. Los que ya han cumplido con sus funciones y han dejado de ser aptos para los usuarios tienen mucho cariño que ofrecer y la ventaja de que son perros muy educados. Darle una segunda oportunidad y ofrecerles un hogar es lo mejor que les puede pasar. También es posible hacer donaciones a la Fundación o comprar un perro guía de peluche. Los fondos están destinados a la financiación del programa. Además, próximamente, se podrá apadrinar a futuros perros guía.

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